En México, los factores de riesgo más importantes para desarrollar adicciones y alteraciones en la salud mental son diversos y abarcan desde la violencia hasta problemas socioeconómicos. Además, la falta de acceso a servicios de salud psicoemocional y la estigmatización asociada a los trastornos mentales pueden limitar la búsqueda de tratamiento.

“De acuerdo con los resultados del estudio Carga Global de Enfermedades de 2021, en el país se calcularon 18.1 millones de personas con algún trastorno mental, lo que representa un incremento del 15.4 por ciento respecto a 2019, siendo los trastornos depresivos y de ansiedad los que aumentaron de manera notable”, mencionó la doctora María Elena Medina-Mora Icaza, integrante de El Colegio Nacional y Directora de la Facultad de Psicología de la UNAM, en el Seminario organizado por la Coordinación de Investigación del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM.

En la conferencia realizada en el auditorio “Dr. Alberto Guevara Rojas” y transmitida por YouTube, señaló que en un estudio que realizaron en 2019 entrevistaron a 600 personas que se inyectaban heroína y descubrieron que prácticamente todos los que recurrían a esa droga requerían un tratamiento mental, ya que el 56.7 por ciento refirió haber experimentado un evento traumático; mencionaron sentirse inquietos, nerviosos, sin esperanza y deprimidos; y 12.5 por ciento intentó quitarse la vida: “Esto significa que cuando pensamos en el tratamiento para drogas, también debemos atender la salud mental”.

Fotografía: Brisceida López

Asimismo, la experta mostró una comparación entre los datos del Examen Médico Automatizado (EMA) de la UNAM antes y después de la pandemia, revelando cambios significativos en las tasas de depresión. En el nivel de bachillerato, la proporción de estudiantes que informó tener depresión aumentó del 13 al 21 por ciento; mientras que en la licenciatura se observó un incremento aún más pronunciado, pasando del 17 al 32 por ciento, lo que representa un incremento sustancial en el malestar entre los universitarios. En relación con la ansiedad generalizada, se evidencia un crecimiento, aunque no tan notable.

“Estos trastornos no surgen de manera inmediata, sino que se desarrollan con el tiempo. En ese sentido, es importante tener programas de prevención. El Posgrado de la UNAM ha contribuido mediante la implementación de un diplomado de capacitación para que los profesores adquieran las herramientas necesarias para identificar los riesgos emocionales y psicológicos en los estudiantes”, agregó la doctora Medina-Mora en la actividad moderada por el doctor Ricardo Martínez Tapia.

Además, enfatizó que los problemas económicos son un factor que afectan la salud mental de los alumnos porque se preocupan sobre su futuro académico: “En este contexto, las becas son una medida para asistir a nuestra comunidad que enfrenta esta problemática”

Finalmente, comentó que aunque conceder tratamiento es crucial, por sí solo no será suficiente para efectuar cambios significativos, por lo que es imperativo abordar las causas subyacentes como lo es la violencia, la pobreza y el consumo de sustancias para lograr una transformación integral.

Por Karen Hernández