En la ciencia, los psicodélicos no nacen como drogas de ocio, sino como emuladores de episodios psicóticos y, en un inicio, eran planteados como fármacos con la capacidad de mimetizar los estados ocasionados por enfermedades como la esquizofrenia. La cualidad del viaje está definida por la forma en que el usuario se aproxima a ellos”, afirmó la maestra Diana Berenice Paz Trejo, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, durante la conferencia titulada “¿Qué hacen los psicodélicos en el cerebro?”.

En la segunda sesión del Ciclo de Conferencias 2022: Sustancias Psicoactivas en Contexto, organizado por el Seminario de Estudios sobre la Globalidad, el Programa Institucional de Ética y Bioética FacMed y el campo de conocimiento de Bioética del PMDCMOS, la experta explicó que “lo que nosotros conocemos como viaje es la experiencia del efecto de la alteración de conciencia con la ayuda de una sustancia; es muy frecuente encontrar testimonios de connotación religiosa o mística asociados con los psicodélicos”.

Asimismo, detalló que “el estado alterado de la conciencia es un estado mental inducido por manipulaciones fisiológicas, psicológicas o farmacológicas y que son significativamente distintas a lo normal”.

Al advertir que los efectos del consumo de estas sustancias crean cambios en la estructura cerebral, en cómo las neuronas se relacionan entre ellas, en las funciones cerebrales y la desintegración de conectividad funcional, la maestra Paz Trejo indicó que “la cualidad de estas sustancias es que el efecto es altamente dependiente de factores no farmacológicos, es decir, si dos personas consumen en la misma cantidad, en la misma concentración, por la misma vía, el mismo fármaco psicodélico, tendrán dos experiencias totalmente distintas”.

Las alucinaciones producto de un psicodélico se pueden englobar en dos grandes clasificaciones de las sustancias de acuerdo a sus componentes: clásicos o agonistas y anestésicos disociativos, y sus efectos pueden variar entre la somatosensación, la visión, la audición, la propiocepción, la percepción temporal, la cognición, la emoción, la memoria, y variedad de experiencias espirituales o místicas.

Cada sustancia tiene diferentes duraciones, por ejemplo, tenemos la ayahuasca con un efecto de entre una y seis horas, la psilocibina de cuatro a seis horas o la dietilamida de ácido lisérgico (LSD) de ocho a 12 horas”, indicó la maestra Paz Trejo durante la conferencia moderada por los doctores Claudia Rafful y David Fajardo, y transmitida por Facebook Live (https://bit.ly/3SZxwFm).

De igual forma, afirmó que las experiencias reportadas por los usuarios han sido definidas en cuatro grupos que facilitan su estudio, que son: perceptual, colectiva, simbólica y trascendental, y es posible experimentar más de un tipo de alteración de la conciencia en un solo viaje.

En gran parte, recalcó, es posible controlar la experiencia moderando el ambiente en el que se consume el fármaco, es decir, la compañía, la iluminación y todos los estímulos que estén al alcance del usuario.

Finalmente, comentó que el campo de estudio de los fármacos psicodélicos se considera relativamente nuevo, habiendo así desfase en la generación de conocimiento gracias al múltiple acercamiento que se ha hecho del tema, desde lo antropológico hasta lo médico.

 Luz Aguirre